
Con El Juego del Ángel, el autor de La Sombra del Viento vuelve al cautivador mundo de la Barcelona del Cementerio de los Libros Olvidados para sumergirnos de nuevo en una apasionante historia de traición, tragedia y amor. David Martín es un joven periodista y aspirante a escritor en los años 20 que pasa rápidamente de escribir en un pequeño diario local a publicar novelas, primero bajo pseudónimo y más tarde bajo su propio nombre. Al mismo tiempo, espoleado por la mujer que ama, Cristina Sagnier, reescribe secretamente la novela de su amigo y mentor Pedro Vidal. Cuando las dos novelas ven la luz, la suya es vapuleada por la crítica mientras que la de Vidal se convierte en un éxito. David, hundido, aceptará entonces la misteriosa propuesta del editor Andrea Corelli de escribir “una historia por la que los hombres sean capaces de vivir y morir”. Entretanto, David se introduce al fascinante universo del Cementerio de los Libros Olvidados, donde las reglas le permiten “salvar” un sólo libro. La elección del inquietante Lux Aeterna, escrito por un hombre con sus mismas iniciales D.M., no será tan casual como David cree. Mientras escribe el libro y a la vez trata de poner orden en su vida, David se verá envuelto en una absorbente trama con Andrea Corelli, Pedro Vidal, Cristina Sagnier y el enigmático escritor D.M., cuyo descenso a los infiernos replica escalofriantemente el del propio David. El Juego del Ángel es una gran aventura de intriga, romance y tragedia, a través de un laberinto de secretos donde el embrujo de los libros, la pasión y la amistad se conjugan en un relato magistral.
Mi afición a los dragones viene de largo. Barcelona es ciudad de dragones, que adornan o vigilan muchas de sus fachadas, y me temo que yo soy uno de ellos. Quizás por eso, por solidaridad con el pequeño monstruo, hace ya muchos años que los colecciono y les ofrezco refugio en mi casa, dragonera al uso. Al día de hoy ya son más de 400 criaturas dragonas las que hacen mi censo, que aumenta cada mes. Además de haber nacido en el año, por supuesto, del dragón, mis vínculos con estas bestias verdes que respiran fuego son numerosos. Somos criaturas nocturnas, aficionadas a las tinieblas, no particularmente sociables, poco amigas de hidalgos y caballeros andantes y difíciles de conocer. ([source][1]) [1]: http://www.carlosruizzafon.com/es/carlos-ruiz-zafon.php

Con El Juego del Ángel, el autor de La Sombra del Viento vuelve al cautivador mundo de la Barcelona del Cementerio de los Libros Olvidados para sumergirnos de nuevo en una apasionante historia de traición, tragedia y amor. David Martín es un joven periodista y aspirante a escritor en los años 20 que pasa rápidamente de escribir en un pequeño diario local a publicar novelas, primero bajo pseudónimo y más tarde bajo su propio nombre. Al mismo tiempo, espoleado por la mujer que ama, Cristina Sagnier, reescribe secretamente la novela de su amigo y mentor Pedro Vidal. Cuando las dos novelas ven la luz, la suya es vapuleada por la crítica mientras que la de Vidal se convierte en un éxito. David, hundido, aceptará entonces la misteriosa propuesta del editor Andrea Corelli de escribir “una historia por la que los hombres sean capaces de vivir y morir”. Entretanto, David se introduce al fascinante universo del Cementerio de los Libros Olvidados, donde las reglas le permiten “salvar” un sólo libro. La elección del inquietante Lux Aeterna, escrito por un hombre con sus mismas iniciales D.M., no será tan casual como David cree. Mientras escribe el libro y a la vez trata de poner orden en su vida, David se verá envuelto en una absorbente trama con Andrea Corelli, Pedro Vidal, Cristina Sagnier y el enigmático escritor D.M., cuyo descenso a los infiernos replica escalofriantemente el del propio David. El Juego del Ángel es una gran aventura de intriga, romance y tragedia, a través de un laberinto de secretos donde el embrujo de los libros, la pasión y la amistad se conjugan en un relato magistral.
Mi afición a los dragones viene de largo. Barcelona es ciudad de dragones, que adornan o vigilan muchas de sus fachadas, y me temo que yo soy uno de ellos. Quizás por eso, por solidaridad con el pequeño monstruo, hace ya muchos años que los colecciono y les ofrezco refugio en mi casa, dragonera al uso. Al día de hoy ya son más de 400 criaturas dragonas las que hacen mi censo, que aumenta cada mes. Además de haber nacido en el año, por supuesto, del dragón, mis vínculos con estas bestias verdes que respiran fuego son numerosos. Somos criaturas nocturnas, aficionadas a las tinieblas, no particularmente sociables, poco amigas de hidalgos y caballeros andantes y difíciles de conocer. ([source][1]) [1]: http://www.carlosruizzafon.com/es/carlos-ruiz-zafon.php